sábado, 30 de abril de 2011

1.Mai


Hoy me preguntaba una amiga si no me iba a pasar mañana por Kreuzberg para celebrar el uno de mayo. Le respondí que odio ese día. Justo después comencé a plantearme el por qué de tal aversión, no sea que en una de estas flojeras del gusto me convierta en un caballerete reaccionario. 

Como sabe todo el mundo, los primeros de mayo en Berlín son tradicionalmente muy combativos. Cientos de policías antidisturbios venidos expresamente de otras partes del país toman la ciudad, y un buen número de manifestaciones y otras protestas más o menos beligerantes se reparten por la capital. Es un evento con solera y muchas historias que contar, en donde lo que no cambia nunca, el plato fuerte del día, son los trompazos a la tardecita en la Oranienstrasse de Kreuzberg entre encapuchados y robocops, equipos ambos que cuando se ponen de malas, acojonan. Quedan, se meten candela mutuamente, y yo ya no sé muy bien qué pensar. Lo cierto es que en el barrio, esa tarde, se crea una suerte de ambiente entre nervioso y festivo que atrae a miles de personas a la zona del conflicto. La gran mayoría no participa en la violencia, dedicados a beber cerveza, excitarse un poco oyendo disparos de pelotas de goma y ver en el cielo desde la distancia (esencial para la experiencia de lo sublime, según Burke) el humo amarillento del gas lacrimógeno. Es la fiesta de la Revolución.

No encuentro mejores metáforas para una futura Revolución (o cambio, transformación, salto, superación, emancipación, por si a alguien le cae mal esta palabra viejuna tan connotada) que la fiesta y la risa. Cuando terminen todas las servidumbres, tanto las impuestas como las voluntarias, llegará la risa, que es uno de los asuntos más serios que existen. Sin embargo, todos los años me pregunto, algo apesadumbrado, si el tradicional desfile de hostias de la Oranienstrasse y su caótica party adyacente no son en alguna medida contrarrevolucionarios, si el parque temático de la revolución en el que se ha convertido dicho evento aún conserva algo de liberador o si por el contrario se trata de un día pactado y organizado por la CIA en confabulación con los más prestigiosos sociólogos y expertos en el control mental de las masas humanas, en el que la peña suelta la furia contestataria acumulada durante el año para volver al día siguiente, más tranquilitos, a la inercia habitual del lo que hay.  

Se echa de menos un poco de concreción. No de seriedad, que suele acabar en la guillotina y el gulag, sino de concreción. Que los guagueros reivindiquen sus cosas y corten la circulación un día entre semana, que los hipotecados le peguen fuego no a su propio vecindario sino a las villas de los directivos de los principales bancos del país, que los currantes precarios se aten en el Ministerio de Trabajo, que los estudiantes de arte destrocen las lunas de las grandes galerías- qué belleza- que los escritores le escriban mentándoles a la madre a los dueños de los principales medios de comunicación, que los inquilinos del barrio en proceso de gentrificación no recojan la mierda de sus perros, etc., actuando cada cual en la medida de sus posibilidades y contexto propio. 

Sería muy injusto negar el hecho de que muchas de estas cosas también suceden mañana. La más sonada de ellas es la contramanifestación para impedir la también tradicional (y legal) marcha de los neonazis, o los despliegues por toda la ciudad de los más diversos movimientos sociales con objetivos y programaciones concretas. Sin embargo, el pasacalles de la Oranienstrasse se me revela como el más puro ejemplo de un vacío folclor revolucionario, rabioso pero desprovisto de toda voluntad de cambio real. Sin tenerlo del todo claro, opino, por un lado, que este día continúa siendo un poderoso símbolo social en Berlín que sería una pena perder pero que, por otro lado, el ya clásico erste Mai ha terminado siendo una catacresis, palabreja que significa "metáfora muerta", como lo es la Navidad, en donde lo menos que hacemos es conmemorar el nacimiento de Jesús, atiborrándonos de marisco y peladillas y dejándonos los euros en El Corte Inglés.

Después de siete años festejando el primero de mayo en la batallita campal de Kreuzberg, mañana iré a currar al estudio. Eso sí, el lunes me lo pasaré en casa sin hacer nada celebrando el día del trabajo. Al menos espero que, puesto que han decidido nuevamente cumplir con la tradición, en la Oranienstrasse se den las hostias reglamentarias con mucha sinceridad.  



(Video "Breve historia del camuflaje", cortesía del artista Alby Álamo)

miércoles, 6 de abril de 2011

Impresiones sueltas e inacabadas sobre Thomas Mann


Cuando era un adolescente, aquel tópico que reza "el que no es comunista con veinte años es que no tiene corazón y el que lo es con cuarenta es que no tiene cabeza" (o algo así era) me daba una rabia fuera de toda medida, como suele ocurrir con todos aquellos corsés que el "sentido común" nos impone para un futuro que aún no somos capaces de imaginar y que, curiosamente, los demás sí pueden. Hoy esa frase me gusta, me hace gracia, porque cuanto más viejo me hago, más comunista me vuelvo, quizás no sea esa la palabra pero ¿cómo decirlo?... cada día me cago más en la puta madre que los parió, así en bruto y con una sonrisa de regalo. Por eso me encantan los casos que confirman aquel topicazo pragmático pero a la inversa, los viejos enardecidos, las señoras y señores mayores incendiarios que en su juventud fueron un poco más conservadores, más fachillas o quizás tan solo temerosos de las vengativas fuerzas contrarrevolucionarias del "lo que hay". Un ejemplo, aunque desde luego que no es el más paradigmático, es Thomas Mann. Personificación durante toda su vida del perfecto burgués, que es el que llega a criticar a la burguesía, fue antes del comienzo de la Primera Guerra Mundial un nacionalista alemán declarado y ferviente antidemócrata, que acabó lustros más tarde exiliado de su país en contra del régimen nazi y defendiendo radicalmente los principios de la socialdemocracia, cuando ésta significaba algo, cuando era de izquierdas. 

Tras leer "El artista y la sociedad" de Mann, una compilación de artículos, conferencias y textos sueltos que abarcan toda su vida, me cuesta no hacer paralelismos entre este autor y el personaje principal de uno de sus libros más famosos, Hans Castorp, de "La Montaña Mágica". Monumental novela, así llamada de "aprendizaje", en la estela del "Wilhelm Meister" de Goethe (aunque el propio Mann la viese como una suerte de ironía hacia ese género), describe en muchas páginas como un joven cambia. No pasan demasiadas cosas, no hay fuegos de artificio, grandes hazañas, aventuras trepidantes ni misterios irresolubles, más bien asistimos a interminables conversaciones y tomamos parte en las rutinas propias de un hospital para enfermos respiratorios en los Alpes suizos, vamos, un decorado ideal para aburrirse. El ritmo es lento y las situaciones muchas veces arquetípicas, pero cuando el bueno de Hans sale de la novela es otro; otra persona y a la vez la misma. Deja de ser un joven y se convierte en un hombre. ¿Qué ha cambiado explicitamente? No lo sabemos. Ha adquirido experiencia y ha aprendido en general sin que podamos cuantificar los datos de manera precisa, pero se ha hecho mejor, incluso cuando acabe como un subnormal dándole tiros a los franceses bajo las órdenes de Bismarck. Enmarcaría pedantemente esta obra con el verbo Aufheben, una de esas lindas palabras alemanas polisémicas que significa superación, pero superación que conserva, lo cual no deja de ser algo contradictorio. Esto lo veo en Castorp y lo veo en los artículos del propio Mann, desde 1907 a 1952, un burguesón de tomo y lomo, último intelectual integral de la vieja escuela que se interesa por todas las facetas de la cultura con vocación universalista, que con la reflexión, el paso del tiempo y los episodios históricos va limando sus "imperfecciones". 

Aquel que a principios de los años veinte escribe con absoluto candor "(...) la propia germanidad significa burguesismo, un burguesismo de gran estilo, el burguesismo mundial, el medio del mundo, la conciencia del mundo, la sabiduría del mundo que no se deja arrastrar a ciegas. Encauzado en un espíritu crítico contra la derecha, la izquierda y todos los extremismos, afirma la idea de la humanidad, del hombre y de su cultura. El propio alemán, colocado entre los extremos del mundo, no sabría ser un extremista" termina ¡en 1951! diciendo: "La verdad de los pragmatistas ha acabado poco a poco por parecer más real que la realidad. El poder del mecanismo de propaganda está en constante aumento, y con él aumenta nuestra capacidad de deleitarnos y de  ilusionarnos. Resulta difícil representarse cómo podrá aprender a pensar la juventud venidera según la verdad más que de forma utilitaria o patriótica. En un mundo como aquél estamos seguros de que serán poco numerosos los espíritus desmoralizadores capaces de luchar contra la radio, el periódico, el comunicado, el pasquín. Esta minoría parecerá sencillamente decadente (...) producto de una cultura difunta y de una clase ociosa. Y, sin embargo, quizá nuestra salvación vendrá de este íntimo puñado de "desmoralizadores", parrafito éste que quizás debería haberse tatuado en el pecho la generación grunge, entre otros. Sobre sí mismo, con la melancolía del que no le queda mucho tiempo, dice un año más tarde: "Mi actitud parece vagamente dudosa, con todo lo que comporta de optimismo, de democrático, de humanitarismo, de fe en el hombre, y quizás incluso de mi "world-citizenship", mi estado de ciudadano del mundo. Porque mis libros son desesperadamente alemanes, y las ingerencias en cuestiones sociales, políticas que han podido figurar allí, han sido arrancadas no solamente de una modestia natural, sino también del pesimismo de un espíritu formado en la escuela de Schopenhauer y, en el fondo, bastante poco hábil para las grandes gesticulaciones generosas y humanitarias. Hablando con claridad: no tengo mucha fe; más bien, y mucho más, creo en la bondad, que puede existir sin fe, y precisamente derivar de la duda" 

Ante la irrefrenable razón cínica que ya forma parte esencial de nuestro ser, alegra ver cómo alguien, aunque sea hace tanto tiempo y en otro mundo caduco, es capaz de rectificar o al menos verse a sí mismo e interpretar sus propios actos y palabras con honestidad, para las buenas y las malas. 

sábado, 12 de marzo de 2011

Fracaso


Escribo este artículo animado por el comentario de un anónimo en la anterior entrada, que se sorprendía de que yo no quisiese "triunfar", cosa que traté después de explicar y que bien explicada quedó, creo. Pues bueno, ayer precisamente asistí a un espectáculo del fracaso que, visto con otros ojos, resultó ser un éxito; el concierto presentación del primer disco de Mary Ocher, "War Songs" 

Me perdonarán por meterme en embolaos en los que no me llaman. No pretendo hacer una crítica musical aunque no me quede otra que comentar por encima quién es esta chica para que podamos entrarle al tema del fracaso o el triunfo. Mary Ocher canta. Con una guitarra, un piano o un sintetizador. Mas info, en su página, youtube, google o en el video cojonudo que inserto al final.

Mi primer encuentro con Mary Ocher fue el verano pasado en un festival que ella organizaba. Gozábamos de uno de esos días absolutamente radiantes y eléctricos de Berlín, que pocas veces nos regala esta ciudad gris. Cielo limpio, gente en camiseta, juventud y hormonas flotando, cervecitas al mediodía, sonrisas anónimas y buen rollismo ciudadano exacerbado; parecía que todo el mundo estaba enamorado. El festival de Ocher, por el contrario, se celebró en un antro cerrado sin luz natural, para colmo en una suerte de complejo al aire libre con mercadillo, pistas de skate, rocódromo, bares y terrazas, un lugar abierto al público en el que incluso, si mal no recuerdo, existía un escenario fuera. Había que tenerlos bien puestos para adentrarse ese día en la penumbra a escuchar aquella música tan así, ¿cómo la etiqueto? digamos "no mainstream". Los asistentes hacían orgullosa gala de un feísmo consciente que recordaba a los figurantes de Fellini. Había un hombre con un modelito alucinante, que le dejaba el pecho peludo al descubierto hasta los calzoncillos, y que había tenido la ocurrencia (y el valor) de pelarse calvo, sin serlo por naturaleza, con dos moñitos en la parte trasera de la cocorota. Fue un festival memorable, o sea, difícil de olvidar. 

El concierto de ayer, según se anunciaba, empezaba estrictamente a las once de la noche. Llegué a las y media. La sala estaba bastante llena y Mary Ocher continuaba aun enchufando cosas y probando sonido. Mientras más trastejaba entre los instrumentos y cables, visiblemente nerviosa, más gente venía. En un momento se disculpó y anunció que el concierto debía atrasarse cuarenta minutos, que nos fuéramos, que al lado (en el mismo club) había un dj muy bueno. "Bonita forma de espantar a la audiencia", pensé. Curiosamente la mayoría se quedó en esa sala. Mary seguía probando sonido y cantaba alguna cosa suelta en una atmósfera de improvisación e incertidumbre extraña, entre el rechazo y el magnetismo. Tras un telonero, Mary empezó, a las doce y cuarto si mal no recuerdo, con su show del fracaso. Se le rompió una cuerda nada más comenzar, se le perdieron los papeles con las letras de los temas que quería tocar (¡temas nuevos en la presentación de su disco!) le daban accesos de risa nerviosa en medio de las canciones, hablaba de boberías y pedía disculpas por todo, se le caían las cosas al suelo, si pisó el cable de la guitarra arrancando el jack y quedándose sin sonido más de cuatro veces, pocas fueron, el técnico tuvo que asistirla una vez en el escenario para no sé qué asunto... en fin, los parones por errores y la torpeza escénica ocuparon casi la mitad del concierto. A todas estas yo me preguntaba si aquello era un show preparado, porque tal talento para el desastre era dificil de concebir y mucho más en un concierto tan básico. El colega con el que fui al evento me aseguraba que nada de eso estaba planeado. Él ha ido a muchos conciertos de Mary Ocher y son siempre así, un desastre natural. Y sin embargo, he aquí lo más alucinante, con todo, ella conseguía mantener la atención del público y, cuando el caos le daba algún respiro, la música sonaba y los asistentes disfrutamos de sus canciones. La sala continuó abarrotada hasta el final, en el que la colega se marcó un tema asesino con un barato ritmillo pregrabado acid house ante el que era dificil no salir espantado. Incluso así le pidieron un bis.

¿Es todo esto una estrategia para triunfar de la manera ortodoxa, pero dándole una vuelta de tuerca irónica, a ver si así cuela? ¿O se trata de un sincero elogio al fracaso, de un homenaje implícito a los que no pueden o no quieren subir hacia la cúspide de la pirámide, digamos MTV o digamos MoMA de New York? Me gustaría pensar que lo segundo. El conciertito de ayer me hizo recordar y valorar de nuevo la empatía que profeso hacia el fracaso y la tirria que le tengo al éxito, tal y como se lo entiende normalmente en mi profesión, una profesión, no sé por qué razón, absolutamente llena de cretinos y gilipollas. Más que una expresión del masoquismo (porque el fracaso en mayor o menor medida duele y no me gusta el dolor en ninguna de sus formas) fracasar es para mí una resistencia ante unos modelos a imitar con los que no estoy conforme. Esa resistencia hace que los artistas que conozco y más me gusten sean fracasados o, digámoslo de manera más suave, se sitúen conscientemente un poco al margen de las grandes jugadas del mundo del arte. Estoy convencido de que esa renuncia, esa resistencia, le imprime un carácter único, reconocible y objetivo a las obras. En general, todos los cuadros buenos son paradójicamente grandes fracasos. El artista entra al estudio a fracasar, a vérselas con algo que está siempre en su contra y que solo puede "arreglar" o "reparar", con experiencia y saber hacer, redimiendo la materia. 

El fracaso no tiene por qué ir asociado a aquel mito del artista torturado que vive en la penuria y solo es reconocido tras su muerte, sino a un cambio en los patrones a imitar, en los espejos en los que mirarse, en las aspiraciones respecto al propio recorrido artístico, que finalmente desemboca en una pregunta existencial básica: ¿qué coño queremos? ¿a qué le vamos a dar valor? Y ahora, bajando a la tierra: ¿Por qué nos tiene que caer bien Fulanito de los Palotes, que es un mediocre de tomo y lomo, aunque trabaje con la súper Galería Talicual? ¿Por qué tengo que ser amigo de un tipo aborrecible con una gran agenda de contactos? ¿Por qué esa galerista vieja, chocha y repulsiva forrada de billetes, a la que ignoraría en otro contexto, es de repente tan entrañable? ¿Por qué tengo que ponerle cara de interés a un curator del tres al cuarto que cita a Benjamin sin haberse leído uno solo de sus libros? ¿Por qué son las cosas así si no son así? Se me dirá: "porque solo así se triunfa" Salud, y les dejo con Mary.         




jueves, 24 de febrero de 2011


Ag, estoy sin ideas...

martes, 25 de enero de 2011

Quemao (Km. 21)




Aquí les dejo con mi entrada triunfal en la meta de la II Maratón de Gran Canaria. 21 Km. en 1h 58min (quince minutos antes de la llegada del Presidente de Canarias)

domingo, 9 de enero de 2011

De qué hablo cuando hablo de correr (otra opinión)


"De qué hablo cuando hablo de correr" es el título de un libro del japonés Haruki Murakami, que además de dedicarse a escribir, también participa con asiduidad en grandes maratones. De Murakami solo leí hace tiempo "El elefante desaparece" pero en alemán ("Der Elefant verschwindet"), cuando mi conocimiento de ese idioma era muy rudimentario, así que no estoy en condiciones de opinar nada sobre este autor. Apenas recuerdo un bonito pasaje en el que un personaje joven encontraba tremendamente sexy a una señora de setenta y dos años. Cual sería mi decepción cuando reparé tras muchas páginas en que la señora tenía veintisiete. Benditos números en alemán al revés.

El día veintitrés de este mes me he apuntado a la Maratón de Las Palmas, a la media maratón, 21Km. Durante todo este año he ido frecuentemente a correr aunque de manera caótica, solo, sin gente que sepa, y me apeteció probar fuerzas en una competición. Por lo pronto solo he llegado a los 18Km. con unos dolores en las patitas muy lindos. Me quedan pocos días para llegar a la marca antes de la competición y mi peor enemigo son las cervecitas a mediodía tirado en la playa, vividor.

Como el señor Murakami, también creo que se puede hablar muchísimo de correr, o al menos divagar sobre el tema. Lo creo no porque tenga razones de peso de gran intelectualidad, sino porque cuando se está dando pata se piensa mucho al estilillo de C H O C A O, cosas de aquí, cosas de allá, boberías y asuntos importantes mezclados, un soliloquio agitado por los botes del trotar, fruto de la soledad del corredor de fondo.

Aunque correr es el deporte más practicado del planeta a mí interesa más como ejercicio primario que como actividad deportiva federada, siendo el más sencillo de los esfuerzos humanos. Todo el mundo con piernas sabe qué es correr. Es cierto que se tarda algo de tiempo en cogerle el gusto. Las primeras carreras suelen ser odiosas, de lo más desasosegantes, casi dolorosas. Hasta que el cuerpo no se acostumbra, correr es un puro sufrir, pero si se es constante y si se estira adecuadamente, después de unos meses la práctica de esta disciplina es una delicia. No solo se pone uno a tono muscular y cardiovascular sino que se coge vicio, en el sentido más depravado e insano de la palabra: el cuerpo segrega unas endorfinas o adrenalinas (o algo parecido que termina en -ína, como la cocaína) que coloca y altera los estados de conciencia. Por la pista de entrenamiento, cientos de personas sudando corren junto a nosotros, tipos y tipas que en realidad son unos drogadictos, unos enganchaos. Quítele usted sus carreras a un runner sectario y lo mandará a la más profunda de las depresiones. A mí personalmente estar sano me importa algo, un poco (por otra parte suelen ser frecuentes en las maratones los desfallecimientos, infartos, impactos en el pecho, diarreas y vómitos de toda índole) pero lo que realmente me llama de todo esto es colocarme bien, día sí, día no, sustituyendo la resaca por las agujetas, y sin destrozarme el alma en la disco con químicos de extraña procedencia, pagando copas a precios abusivos en medio del chunta chunta, aunque esto, una o dos, o tres o cuatro, veces al año no hace daño. Tras una buena carrera brota el optimismo y la vida es maravillosa, pero no nos engañemos: estamos puestos hasta el culo. Al día siguiente el mundo es igual de infernal que siempre, lo cual nos lleva de nuevo a la pista de entrenamiento en busca de salvación, yonki, yonki. 

Correr me recuerda de refilón al arte burgués, aquella esfera autónoma dentro de la sociedad que  trabajaba por la emancipación ideológica, en nuestro caso, una emancipación física, biológica. ¿Correr ayuda a hacer flexibles las tensiones del capital? Es probable. La tensión, por ejemplo, de comer como una bestia ansiosa queso fundido y deliciosas hamburguesas y pata de cerdo con alioli, qué rico, regado todo con cerveza o clipper de fresa, y de postre un pedazo grande de tartaleta rellena de crema con chocolate por encima, con unos buenos trozos de chocolate, criando panza, viendo la panza crecer y deprimiéndonos con la panza, lo que nos lleva de vuelta al asalto a la nevera, operación que traerá por momentos, mientras deglutimos algún manjar, un poco de paz. "A partir de los treinta si no tienes panza eres gay", me dijo una vaca marina hace poco, razón por la cual las masas de focas se dirigen en masa a comprar equipamiento deportivo al Decathlon, marca Kalenji. Correr es bueno para perder sobrepeso, qué duda cabe, pero es mejor para poder embostarse bien después de cada sesión, colocado además; zampar tras una buena borrachera (de endorfinas o alcohol) al llegar al hogar es una de las grandes maravillas del mundo. La pasta con aceite de oliva se la dejo a los gurús de las medallitas.

Más que emancipador, correr es literalmente un escapismo. La pregunta es de qué o de quién. Dejando de lado la cuestión de los kilos o la absurda competitividad de los frikis de los segundos y centésimas, correr es sentir la necesidad de largarse a alguna otra parte mental y física por oscuros motivos. "El que está bien no se mueve" dice el refrán, y no conozco otra imagen más elocuente y popular de la felicidad que aquella figurilla de plástico fosforescente de Buda, el gordo sonriente, así como tampoco conozco otra imagen más estúpida que la cara de subnormal americano de Forrest Gump, un corredor de los buenos.

Correr desde esta óptica, paradojicamente, embrutece y libera. Corremos como locos escapando de quién sabe qué y esta auto persecución paranoica nos produce un efímero placer químico natural, tan natural como lo es el peyote, tan natural como hacerse decenas de kilómetros sin razón aparente ni ser perseguido por bestias salvajes, porque no hay ninguna necesidad real de correr si no vivimos constantemente apoltronados y nos alimentamos con mesura. Correr es doparse contra la vida ciudadana, un remedio a una situación físico y mental determinada (no hablaré de la cinta de correr, epítome del absurdo postmoderno que acerca la condición humana a la del hamster enjaulado) y no un fin, que prodigiosamente, sí acaba siendo un fin, no sé si me explico. Creo que no. No importa. 

Me contaba mi madre que hace años en Tejeda, el pueblo de donde procede parte mi familia, dos corredores pasaron frente a un viejito y este exclamó: "¡A estos el Cabildo les paga bien!". Es muy seductor pensar que el running amateur es totalmente de gratis, no cobramos un duro y al mismo tiempo es puro gasto, derroche de energía. Mi idea de buen corredor no suda la camiseta Kalenji para reducir michelines, ponerse más buenorro o batir marcas numéricas, sino que lo hace por la cara, porque sí, porque un buen día decidió caminar más rápido, poner el cuerpo en mayor desequilibrio, recuperarlo dando grandes zancadas, forzando la respiración, palante, ¡dale, coño, dale! Desde que nos ponemos a tono muscular/cardiovascular para no lamentarnos con los rigores de las primeras sesiones, de modo que podamos correr sin sufrir, gastando la energía progresivamente, en una buena carrera pasamos por momentos álgidos en los que nuestra percepción de las propias fuerzas se altera, podemos mucho más, nos sale el Übermensch del esfuerzo físico y seríamos capaces de invadir Polonia, o al menos llegar hasta allí corriendo. El efecto dura varias horas después de la carrera, a veces días enteros si le damos al vicio muy fuerte, y sinceramente se queda uno de putísima madre. Por ahora no se me ocurren más cosas. Hoy me toca del Club Náutico de Gran Canaria a la Playa de La Laja, all the way, hin und zurück. Ya les contaré de la maratón. 



martes, 9 de noviembre de 2010

El artículo de Rayco



Hace un par de posts, Rayco Márquez (www.raycomarquez.com) me escribió el siguiente comentario:

"Estaría de puta madre que hables un poco, si no te es un coñazo, de cómo haces para emancipar los cuadros de la fotografía. A mi como pintor me cuesta muchísimo, y justo ahora que vienen tiempos en los que todo el mundo se replantea lo que está haciendo... y que cada día hay más peña que usa la foto pero como algo puramente orientativo, y joder... la pintura que me mola es la pintura pintura, la de tomar decisiones, la de romper para construir..." 

Trataré de responder reconstruyendo mi corta trayectoria pictórica, que últimamente está algo revuelta. No sé si esto ayudará a la práctica de alguien, pero al menos me sirve de recapitulación personal.

Cuando comencé a pintar, el método que utilizaba para generar ideas era el de la libretita. Dicha libretita, que está ahora guardada hasta nuevo aviso, recogía con esmero citas de libros, referencias a obras de arte, imágenes de los medios, pensamientos intempestivos, y hasta números de teléfono y recetas de cocina. De ese revoltillo nacían composiciones que se formalizaban primero como dibujos en el mismo cuaderno, nada "artísticos" sino muy orientativos, después venía una sesión fotográfica a la que le metía a veces algo de Photoshop, y el producto final se proyectaba en un lienzo que trabajaba como un chino, mes y medio o dos meses para un cuadro grandote. Hablando mal y pronto se trataba de obras realizadas en su mayoría con la fórmula del "ponte aquí, ponte allí", tan querida en aquellos tiempos lejanos de la Escuela de La Laguna. Esa formula consiste sintéticamente en coger a tres fulanos y ponerlos como figurantes de una escena banal que hace referencia a otra escena o tema menos banal, qué sé yo, las pateras, la fugacidad del tiempo y la muerte, la sociedad del espectáculo o los árboles no me dejan ver el bosque, pero hecho en casa y con los colegas. 

"El ponte aquí, ponte allí" está muy bien para desempolvar los pinceles porque es una buena forma de destrabarse y sirve para declarar de "interés público" la cotidianeidad de cada cual, aportándole de paso cierto halo intelectual y autorizador a las imágenes, aunque si he de ser sincero, cuando veo plasmada la Teoría de la Acción Comunicativa en un lienzo no me dan más ganas de leer a Habermas, menos aún si el cuadro es bueno. Ese hecho, que probablemente tenga que ver con que la pintura es hoy una disciplina hipercodificada, en donde todo lo que se represente por fuerza cobra significado, se quiera o no, se sea consciente o no, hacía que el resultado escapase de la intención inicial, y eso me molestaba. Manías del control, supongo, aquello del dominio que tanto criticaba el colega Teddy. En cualquier caso, carezco de habilidad ilustrativa o talento para acotar y restringir las derivas de la interpretación con algo de gracia o quizás esté simplemente hasta los cojones de hacerlo.

Este cuadro, bien pensadito e hilado, producto del "ponte aquí, ponte allí" más canónico trabajado en libreta,

         

aunque se parece mucho a este otro,



fue muy diferente a nivel procesual/conceptual. Antes de pintar esta última obra no tenía ni la más remota idea de lo que iba a suceder. Saqué a tres colegas al parque apenas sin pensar en nada y los puse a hacer monerías. Después, con el título, le endosé al resultado no se qué asunto de perder el tiempo. Así que, aunque apenas sean distinguibles por sus formas finales, pasamos de la fórmula creativa del "ponte aquí, ponte allí" al "convocar la metáfora" (también llamada "obra abierta") que genera una situación en la que parece que pasa algo más pero que no se sabe lo que es. La imposición de referencias externas a priori es aquí menor, aunque en la práctica sea la misma, al fin y al cabo, sesión de fotos y figurantes. 

Con estas dos formulitas alternadas estuve trabajando bastantes años aunque siempre me sentí más cómodo con la de la "obra abierta" porque, no sé que me ocurre y eso es algo que me sigue mosqueando, siempre se me cuelan en los cuadros más cosas de las que quiero. Lo que parecía claro es que poco a poco me costaba más llenar las hojas de la libreta. Me bastaba con un esbozo muy grosso modo o, en los trabajos del último año y medio, una simple anotación escrita, para no olvidarme de lo que quería hacer. 

El siguiente punto de inflexión sucedió hace no mucho con uno de los peores cuadros que he pintado en mi vida:


"Greenscreen", tan sumamente grosero y que tanto me gusta, dejó patente la inadecuación entre lo proyectual y lo procesual. Greenscreen (también hay bluescreen) es ese fondo que se usa en las pelis para construir el escenario después con infografía en post producción, mi escena representa a un mogollón de personas metidas en un pleito... o sea, que el pleito es ficción, el pleito es pintura, toma obviedad; ahí está el truquillo, una chorradilla conceptualera impostada que escondía el gusto que me estaba pegando poniendo colores chillones aquí y acullá, de paso partiéndome el culo con la camiseta del pureta del primer plano a la derecha, ya se sabe de qué va la movida, Rayco. Ese día, en el trajín del mezclaypinta con una obra de una banalidad asombrosa me di cuenta de que pintaba sin ningún respeto, o sea, que no atendía lo que pintaba como imagen referenciada (sic), no pensaba en absoluto metáforas o ideas prehechas, sino que simplemente le daba cariñito a las manchas de color, bête comme un peintre. Justo después de "Greenscreen" pinté "Disciplina"



Me propuse hacer lo que siempre hacía con los cuadros pero sin referentes, aplicar la disciplina del callo de pintar, en mi caso, el callo de pintor figurativo; Boceto (tiré unas lineas de dibujo al carboncillo, exactamente igual que siempre hago, con los mismos gestos), le di una primera mano de grisalla respetando dichas líneas, una segunda de contraste, y después trabajé los elementos que iban apareciendo exactamente de la misma manera que siempre he pintado, sin tratar de inventar nada. 

Contrariamente a su apariencia marciana, este cuadro es un ejercicio de contención. Todos los elementos fueron poco a poco tratados, y "aparecían" sin que yo me los inventase. Solo los ayudé a salir. Cuando me di cuenta de la retórica estética que estaba empleando en la cabeza mientras trabajaba  (¿"aparecen" los motivos? ¿ayudar a parir la creación?) me liberé (¿¡LIBERARSE!?), o diciéndolo más académicamente, me propuse concentrarme solo en lo que el propio proceso de pintar me dictase. Tampoco es ningún gran descubrimiento. Es más o menos el paso de Kandinsky hacia la abstracción, un tipo que nunca me interesó nada porque siempre fui más de Malevitch, pero bueno, esa es la cuestión: lo que yo piense o quiera de mi trabajo es hasta determinado punto irrelevante en estos momentos. Así que, como dijo Fidel hace unos años. "Se avecinan cambios. Estaré atento"


lunes, 1 de noviembre de 2010

Cumpleaños



Hoy C H O C A O cumple años, un añito de variedades y majaderías. Contrariamente a la sensación general de velocidad temporal del que se interna en la treintena, me da la impresión de que tengo este blog desde hace cien años. Veamos si aguanta otro más. 

sábado, 16 de octubre de 2010

Dinero






Hace nada el "Aula Cultural de Pensamiento Artístico Contemporáneo de la Universidad de La Laguna" ha abierto una web en donde se debaten diversos temas culturales que afectan a las Islas Canarias. Se llama Futuro Público y se define como un campo para el análisis y la crítica cultural. www.futuropublico.net Me invitaron a participar y, enfoguetado, escribí un artículo que visto días más tarde me ha resultado de lo más impertinente, pues no casa con los hilos de debate, abundan en el los chistes malos y las majaderías, y está escrito, quiera yo o no, desde la precaria posición subjetiva de un trabajador del ramo. Aquí les dejo con él. No me olvido del articulo de Rayco sobre pintar cosas raras. 



Bajar un punto



“Si te va muy bien, es que algo va mal”
Anónimo altermundista

Es una práctica habitual en el añejo mundo de la pintura profesional el tener un “punto”. El punto, denominado también poética y menos frecuentemente “llave” o “clave”, es una pequeña fórmula matemática que permite tasar el precio de los cuadros, así como el de las obras realizadas en papel. Se suman los lados en centímetros de la obra y el producto resultante se multiplica por el punto, siendo así que un artista con punto 10, por ejemplo, vende un cuadro de 100 X 100 cm. a 2000€, o una obra original en papel pieza única, al 50% o sea, a 1000€. En la práctica, el punto se establece al empezar una carrera artística, con las ventas en los primeros escarceos con galerías. Esta herramienta no siempre respetada ayuda a homogeneizar los precios de manera internacional, valorando el caché del artista en referencia a su curriculum o andadura profesional, lo que no quita que un estudiante recién salido de la universidad pueda situar su propio punto en donde le plazca, porque yo lo valgo. No importa. Lo principal es que sea (semi) público, una suerte de garantía para los coleccionistas que confían en que no se les está estafando con precios variables dependientes del momento, la gana o las afinidades personales. Lo principal es que éste jamás baje. El punto solo puede subir, de ahí su importancia en la así llamada revalorización de la obra. Si nuestro estudiante se excedió en la apreciación monetaria de su trabajo, no le quedará otra que disponer de un buen almacén para, como decimos brutalmente en el ramo, comerse los cuadros con papitas.  

Esta matemática parda tiene en el mundillo sus amantes y detractores, pero es lo más cercano que hay a una regla para tasar de forma consensuada una pintura contemporánea acabada de salir del estudio. Quienes critican este sistema alegan con razón que el valor de la obra de arte queda reducido a la cantidad de centímetros cuadrados que tenga, lo mismo un cuadro que una alfombra. Quienes lo apoyan esgrimen la excusa de “lo menos malo”. Mientras no exista otra ley, esta operación por defecto será mejor que la pura nada. En cualquier caso, el punto es un truquillo mercantil de una disciplina artística cada vez más en desuso, la pintura, que aquí nos sirve para exponer algunas situaciones peculiares que se generan cuando el valor se convierte en precio.

A nadie le pasa desapercibido que las obras de arte que se venden en el circuito profesional de las artes son carísimas. Los profanos se escandalizan mientras los entendidos cada día se sorprenden menos con los “boom” del mercado, que de hecho muchos consideran síntomas de salud. Por lo general, el arte vale caro no por costes materiales o por el empleo de una fuerza de trabajo desmesurada, sino por otra serie de cuestiones todas ellas más o menos vaporosas. Es un debate viejo - rancio y de mal gusto en algunos contextos- pero no por ello menos pertinente. Desde antes de la Cruz de Santiago en el pecho del Velázquez de Las Meninas o del gran pollo entre Whistler y Ruskin, ese no se qué que trascendentaliza las obras ha continuado en tela de juicio, pues de ellas mismas parece emanar una suerte de poder mágico que permite valorarlas y sobrevalorarlas económicamente sin que los argumentos de las autoridades que fijan esos criterios sean rebatibles.

Poner precio a una idea es una simple arbitrariedad, pero equiparar ese precio a su valor es siempre un acto de violencia, que en el caso de las obras de arte es muy superior al que se ejerce sobre otros objetos cualesquiera, si estamos de acuerdo en que las obras de arte son antes que nada ideas,  objetualizadas o no. Diciéndolo más bastamente, es más “natural” ponerle precio a un kilo de papas que a una idea.

Desde que llegó en 2008, la crisis económica está golpeando a los artistas con mucha fuerza, especialmente a los canarios. Que se jodan, pienso yo, selber schuld[i]: nadie les mandó a subirse los puntos. Ahora, en un espacio postcrisis devastado por la falta de liquidez, en donde  “no pasa nada” o “la cosa está muerta” expresiones que dan a entender que los billetes no corren joviales de mano en mano, afloran las leyendas urbanas, como por ejemplo que las galerías venden las obras con enormes descuentos, o que los artistas llegan a acuerdos secretos con coleccionistas en donde la opacidad de los precios viene aparejada a las necesidades primarias vitales de los creadores, o que resugen métodos arcaicos como el trueque, pues parece más o menos claro que doscientos euros ahora son mejor que cinco mil dentro de un año, lo que nos ha llevado a pensar sin mucho entusiasmo y resignación: ¿por qué demonios no podemos bajar el punto? E incluso más allá: ¿no sería mejor que todos bajásemos el punto? Más aún, y cuidado no nos quememos en el fuego revolucionario: ¿no crearíamos un mercado más sólido y amplio si así fuese, en donde más personas tomasen parte, en donde los clientes no tuviesen que ser por fuerza de clase privilegiada para pagar las enormes sumas que cuestan nuestras excelsas ideas? Estos pensamientos surgidos de la necesidad acaban por señalar algo nada sorprendente, naiv si se quiere, pero de importancia fundamental: el arte comercial o vendible, con sus artículos de feria (de arte), es un juego para ricos, y los precios altos son los garantes de que las reglas de ese juego no se cambian si los de arriba no quieren. Es imposible como ya vimos certificar el valor de una manifestación artística pero sí es posible tasarla con un altísimo precio, no porque la obra merezca tales honores, sino porque el objetivo es, muy al contrario, trascendentalizar el dinero en sí mismo y toda su cultura. Es por ello que las artes plásticas en específico hacen tan buenas migas con el neoliberalismo, no así como la poesía. En rigor, la obra de arte como mercancía de lujo tiene pocos pilares sólidos en donde apuntalarse, como si los tiene el comercio de oro o de piedras preciosas, pues su valor es el mismo del poema.

Ni la exclusividad del objeto único, ni la supuesta tensión intelectual de la obra- “bomba de relojería” en el salón del burgués como piensan con cómodo candor algunos- ni las habilidades fastuosas de una mano genial, ni la hipócrita sacralización de un fetiche en la era del nihilismo capitalista son capaces de justificar las carestías de nuestros productos usando argumentos convincentes más allá de los símbolos de seguridad de las pertenencias de clase, números y cifras que se defienden a sí mismos mediante seductores trucos mágicos. De estas quimeras nadie se escapa, y mucho menos los artistas que nos ofendemos cuando se nos llama la atención con respecto a nuestros altos precios. La ofensa tiene que ver menos con la contingencias inmorales del mercado actual, que nos fuerza a vender caro, que con el no saber apreciar la capacidad especial esa que debemos de tener escondida, no se sabe muy bien dónde, si en el corazón, el alma o la mente, pero que produce objetos divinísimos y en justicia muy caros.

A diferencia del futbol, en el arte no existe una segunda división. O se juega con Cristiano Ronaldo firmando contratos multimillonarios o se patea la pelota en campo de tierra por amor al fútbol, perdón, al arte. Hoy por hoy, acostumbrados a una critica institucional que ya se ha convertido en un genero artístico y comercial más, a nadie se le pasa por la cabeza bajar sus precios de élite como práctica crítica (o quizás solo como estrategia para cobrar más) incentivando así de paso un mercado con unos consumidores con cuentas bancarias modestas y con unos productores menos emparentados a las estrellas del cine o el fútbol que a otros profesionales con licenciatura superior, un abanico de sueldos amplio que debería adaptarse bien a la avaricia de cada temperamento particular desde, por ejemplo, el mileurismo (un sueño dorado para muchos artistas) a los altos ingresos de un neurocirujano. Por desgracia, es terriblemente cierto que a partir de determinado momento de su carrera, el artista está cuasi obligado a vender caro porque si no el coleccionista, a la japonesa, se siente estafado pagando menos por la magnífica imagen de su propio dinero. Se nos podrá reprochar de manera rigorista el bajar precios reventando la “ética del punto”, pues así se minusvalora automáticamente la obra de los artistas en todas la colecciones, debilitándose el patrimonio de los clientes privados o públicos que han invertido en un bien que solo puede revalorizarse. De nuevo nos preguntamos aquí qué instancia superior dictamina que una obra de arte no pueda (o incluso deba) ser un fracaso económico, lo que transformaría quizás nuestra ética del punto en un punto, o puntazo, de ética

Es necesario delimitar las reglas del comercio de obras de arte, con o sin punto, si es que deseamos dejar de trabajar en una profesión dirigida por el dinero y no al revés, construyendo un bien social con una trascendencia económicamente limitada, en donde el amor por las perras y sus servidumbres ideológicas pasen a una segunda fila para poder voltear de una vez por todas esta bendita página de la crisis, crisis, crisis, crisis…qué aburrimiento.


1 Expresión proveniente de la rica tradición inculpatoria alemana que viene a significar algo así como: “Tu propia culpa”

sábado, 18 de septiembre de 2010

domingo, 22 de agosto de 2010

Progreso





Para celebrar la pronta construcción de trece nuevos hoteles en el sur de Gran Canaria,


les dejo con un documento, que cuesta un poco leerlo porque habrá pasado por algún programa informático de voz a texto, pero que no tiene desperdicio:


que no sepueden hacer negocios ni tirar para adelante bien como tendria que porque ahi veinte mil cortapisas de por medio si quieres rodar un callao de la playa tienes que tener suerte con el poiltico de turno  rellenar veinte mil papeles y mandar a tres tios a comer ventanilla de fijo en el ayuntamiento y el cabildo pagarle a unos machaca ue duerman all si te va bien si vas y no entras p  or la via judicialque eso en otros pises no es asi otros pases que ademas no tienen la gallina de los huevos de oro que tenemos nosotro el turismo no se va a agotar nunca lo digo yo nque ahora esten que no cgan con el moro que si las playas de marruecos y las costas interminables si es   verdad pero que va yo el moro no me lo creo todavia tienen que pasar muchas cosas para que aquello se ponga jugos y yo no lo vere porque eso alle abajo no va a cer cabeza por lo menos hasta dentro de cien aos vete a contarle tu a los touroperadores alemanes que se traigan el ganado gordo a marruecos que inviertan alli fuerte como a   qui o en mallorca cuando vean que alli no pueden beberse un wiski ni comer cochino ni ir a discotecas que nesten dentro del recinto del hotel o coger un jeep yiajar por el pas sin sobornar a la policia sin que los secuestren o les metan una m  ba cuando vean a los morillos babandose encima de la muchachas rubias y diciendoles de puta para arriba por ensear las tetas en lalaya que no hombre que no me lo creosto aqui fue distinto porque el canario aunque fue siempre pobre si  empre fue bueno y hasta el mago mas bruto de las lagunetas era una persona a la que se le podensear lo que le conv iene que es tener dinero carreteras supermercados buenos coches casas yapartamentos sin l soplapolladas de la religion y de ala y del extremism or favorsto aqui es el paraiso y no tiene cotidores reales ademas si sale competencia bienvenida sea pepito vamos a mejor todo turismo de maas calidad no de ingleseborrachos y ge  ntuza que los manden a esos para africa a armarla sino de golf y de perra de resortes  de esos en el sur so ltando blletes creando puestos de trabaj creando riqueza que va mi nio los moros estan todava atrasados en comparacin a nosotrs que aqu hay de todo se tienen qu quitar la chilaba de arrib de la cabza me refiero la cabeza pepe eso es lo m   importante qu quieres t a ver que ordenador qui  eres tu que tanto te gustan las mquinas cual es el que te gusta a ti el mac ese no ra qu moto quieres tu la ducati italiana que es la que a ti te gusta en dia y medio mximo tienes aqu la moto querio a que ms te guste quieres caviar iran del mejor lo tienes quieres chuletn de novillo argentino del mejor te locotes e sto es el paraso mucha gent  e lo est echando a perder poniend obstculos metiendo papeleo regulacions y regmenes fiscales draconianos menudo palo nos dieron con lo del puerto franco cuando los que hemos h  echo esas islas los que hemos construido estas islas dndoles riqueza nohan sido ni los abogados n los mdicos ni los polticos ni los profesores de univeridad ni los arqui  tectos sino nosotros los currantes los empresarios nosotros jalamos del carro y el resto viene dentro mido el que no lo quiera conocer es un gilipolla nas cosas se consiguen primer los capitales e infraestructuras y la  s otras llegan despus tdas las mariconadas da rabia que la gente se olvide de eso a m me da rabia da mucho coraj pepito que uno maniobre como sabe hacercon cabeza y apostando f uerte por crear riqueza aqu y le caigan arriba un viaje de pollabobas aguafiestas y l metan a uno en el talego n el talego me descojono yo de los disidentes d  e cuba me descojono de los presos polticos y los refu  giado que lo nico que hacen es darle a la lengua cuando uno adems de deslomarse a trabajartodos los das en mi poca yo sala de mi casa a las cinco de la maana y llegaba a las nueve diez de la noche por toda la sociedad en peso calladito la boca acaba con   sus uesos en la crcel es de risa pepito descojonate   por favor claro es lo que dice blas osotros los canarios lo tenemos todoero no tenemos nada o sea que nues  tro peor enemigo es el enemigo interir dice nosotros mismos y no me refiero a la coetencia que oye si a lopesan le va bien eso signfica que me va a ir mejor a m porque el dinero atrae el dinero metete eso en la cabeza ya si quieres g  anar perras pepe sino los otros los aguafiestas los que se han metido en las cmaras e comercio a tocar los c  ojoes y que no son negociantes naos ni currantes ni empresarios ni naa una mano de maricones todo el da con el librito de las leyes para aqu y para  all con sus abogados mirando las jugadas ajenas con lupa por puras envidias no san jugar ven que uno juega de putamadrey te cortan las alas como puedan para joderte sin motivo   o es la competencia como se creen os pibes jvenes los empresarios   jvenes porqe la gente con cabeza como yo los que valemos aqu en esta tierra siempre nos hemos entendido bien y hems procurado no pisarnos el terreno qu hay roblemas qu de vez en cuando hay rocs entre nosotros qs lgico raro es que no los hubiese   pero eso siempre los que servimos para alg lo hemos sabido llevar con salud si l final resulta que tengo que ceder yo pues cedo mi nio  para la prxima cedes t sin hacernos mala sagre que con unas centas unos vinitos y unas charlitas de persona umana civilizada sin chilabas y sin babuchas se resuelven odos los problemas del mundo y ms en un sitio tan pequeo como gran canaria sin sangre tedigo que tampoco estamos en sicilia ni esto son reuniones de la mafia algo que le he dicho cien mil vece s a blas cuando se pone tontito con a pistolita gurdate es o totorota a ver si te vas a depelusar la barbaque esto no es el padrino bobiln ntre nosotrosno hay problema  as cualquiera que ha trabajado ms de veinticinco aos lo sabe si lopesan maana hace otro hotl de cinco estrellas en el sur con quinientas habitaciones y cada habitacin usa un rollo de papel higinico por da de promedio es  tarn hacindse todos los das quinientos rollos de papl ms en la fbrica de papel y al final resulta que les har falta otra nave industrial y me van a llamar a mi y a blasito para que se la cnstruya es   el efecto de las mariposas pepito sabes lo que es eso mi nio pues lee un poquito para que aprendas cosas imortantes que eso significa qu  e todas las mariposas de  l mundo aunque sean pequeas son tantas que si agitasen las alas a la vez todas podranprovocar un tornado de mxima potencia  aqu nosotros ms o menos cuando tu naciste la mejor poca e crecimiento que ha tenido can  arias fuimos todos como  mariposas maricones no coo al golpit trabajando entre todos echndonos cables me contratas yo te recomiendo y te prese  nto a otra gente si sabes currar   y tiro prque me toca as montamos lo que montamos aqu un pas civilizado desde las piedras osotros chiquillos de la calle sin educacin superior ni universidad ni pingas en vinagre sino curiosidad ganas de aprender de a vida humildad respeto por lo mayores buenas spaldas para soportar palos y cojones   muchos cojones para romprnoslos trabajando todos los das de sol a sol yo empec cargando sacos de picn pepito yo en el muelle cargaba cn quince aos sacos de picn que venan de lanzarote en u  na carretilla y con veinteos o as me compr un camin con veinte aos pepe en esa poca que se lo cuentas a alguien y no se lo cree mi pobre madre tu abuela en paz   descanse que vendi unos alpendres que tena en el lomo agullo para ayudarme a m a pagar el camin y desde que tuve el camin trasportaba yo todo el picn que poda a dond fuese al sur al norte al centro a todos lados   y en el muelle me tenan a mi loco todo el mundo quera trabajar conmigo brtolom el del picn me deca porque la genteque me daba cosas para transportar ya despus transport material de obra de toda clase saba que conmigo estaban ase gurados que el plazo se cupa que la mercanca llegaba ntegra y que al da siguiente me iba a tener all para informarles de todo de cualquier cosa que me dijesen en destino preparado pa  ra llenar el camin otra vez con mis propias manos y salir a ecape a trabajar como si aqu hubiesen pasado dos portaaviones americanos y aplanado la isla a bombas uego ya sabes la flota de camiones ue tuve antes de v  ender esa empresa y meterme con b  las a trabajar porque a todo el mundo diez aos despus le dio por hacer lo mismo comprando camiones como locos alemanesmejores que los mios el morome descojono pepito all echados en la calle sentados fumando en pia esperando coger a un guiri para estafarlo con una alfombra hecha en china no tienen spritu los moros y aqu todava falta spritunecesitamos ms e  spiritu pepe los canarios ara poder ponernos dode nos merecemos en lo ms alto yo miro para mi casa pepito yo miro ahora todo lo que tego esa tele esa mesa ese siln grande con el tapizado de vaca o cebra yo que s  piel de verdad que se abre e  norme que lo compr mi mujer en paz descanse sin decirme nada y con mi dinero carismo y que tanto te gusta a ti para dormirte las siests el jodo silln lo miro y despus meacuerdo de quin era yo de   cmo pesaban los putos sacos de picn y cmo yo tena el hombro en carne viva al principio y con un callo por toda laespalda al final me acuerdo de cmo se trabajaba en esemuelle de ver a algn otro animal como yo currando que al final tambin consig  i colocarse como dios manda y me echo a llorar no lloro ni nada cojones pero me dan ganas coo se me saltan la lgrimas sinquerer sabes por qu no lloro por culp del enemigo interior eso en vez de darme pena como mis recuerdos de nio tra  bajador me da rabia poque destruye mis recuerdos y me provoca dndolo todo por esta tierra dejndome la salud la espalda que me la jod con tres aos ms qe tu hermano samuel y dejndome tabin un poco la cabeza no lo voy a esconder que de  sde lo d blas me tengo que comer una pirulita para dormir es una bobera en realidad una cosa de plantas naturales nada muy fuerte segn m dijo el bobera del psiquiatra para que al final vengan cuatro hjos de puta me metan en la crcel y le terminen rob  ando los sueos de un futuro mejor a aquel ni bueno noble y trabajador con la camiseta negra y rasgadel picn que era yo


miércoles, 18 de agosto de 2010

Nachbarn


Lo que vemos en la foto, justo en frente de donde vivo, son casitas de veraneo agrupadas en colonias, muy populares en las ciudades alemanas. Cuando llega el buen tiempo se llenan de gentes que entre esporádicos rayos de sol y cerveza caliente disfrutan de diversas actividades recreativas. Abundan allí figuras de porcelana (tradicionales son los enanitos tipo David El Gnomo) como la espectacular y agresiva pantera negra que custodia la puerta, pequeños laguitos artificiales para que los pajaros se bañen, modestos huertos y un césped siempre puntillosamente cortado, al cuadrao. Los carteles en las vallas colindantes a la propiedad con fotos de brutales perros rabiosos y mensajes amenazantes dirigidos a los posibles intrusos son de antología. Mis vecinos tienen dos caniche.       

¿Qué mas podemos decir del mundial de fútbol? El que no se ha escondido tiempo ha tenido, o sea, que ya ganamos lo que parecía imposible, ya festejamos, y ya hablamos de todo lo que festejamos. A mi me tocó vivir el triunfo en Alemania, en donde la marea roja no fue más que una pequeña olita. 

El anterior mundial de fútbol se celebró aquí y en él sucedió un fenómeno de lo más curioso, y es que, desde la Segunda Guerra Mundial jamás se había visto una explosión tal de banderas alemanas, ni siquiera en otros episodios clave en donde la historia del país se transformó radicalmente como fue la Reunificación. De la Reunificación se pueden hablar siglos; unos la han considerado una auténtica Revolución en el sentido más emancipador de la palabra y para otros fue el último escalón hacia el salvajismo social en el que vivimos. También se podría hablar un buen rato acerca de la profusión de banderitas, que tuvo a los medios críticos y no tan críticos del país entretenidos en revisar sus cosas, sus identidades, complejos de culpa, sentimientos de pertenencia, aspiraciones y miedos propios, cuando la peña espontáneamente y azuzada por el fútbol, una expresión de amor a la patria sin tanto tanque, se lanzó al "todo a un euro" chino para barroquizar sus balcones y coches con los símbolos de la soberanía.

Yo, como es habitual, no voy a comentar el tema en profundidad. Solo relataré la jugada de mis vecinos. 

Según me cuentan mis informantes nativos, estos "Schrebengarten" (las casitas de veraneo con jardín) suelen ser muy apreciados por la clase trabajadora popular, aunque es cierto que al menos en Berlín hacen ahora furor entre los "öko" urbanitas, amantes de la cultura ecológica, votantes de los verdes, consumidores de productos bio, etc, ecopijos o no. La palabra "proletario" en alemán, además de significar lo mismo que en nuestra lengua, puede usarse como insulto en su versión corta. "Prolette" es, en la imaginación tópica, aquel señor pelao al cuadrado o al tazón (no hay consenso entre los expertos acerca de la denominación exacta de este estilismo) que recorre la ciudad en scooter (Mofa) y al que le gusta tanto la música del pumba pumba como repartir hostias y hacer el malaje cuando sale de la fábrica alienado.

Vistos desde mi balcón, mis vecinos parecen unos buenos "Prolette" y me vienen haciendo un desfile de banderitas durante los últimos cuatro años que me tiene gozando.

Las primeras en ser colgadas, cuando comenzó la fiebre en el anterior mundial, fueron dos banderas alemanas pequeñas, sin símbolos, solamente con los tres colores, negro, rojo y amarillo. Meses más tarde las retiraron para poner una única e inmensa bandera con la Cruz de Hierro en medio. La Cruz de Hierro (Eisenkreuz) pese a que es actualmente el símbolo del Ejército Alemán, quizás precisamente por ello, es dentro de determinados contextos una versión ligera y legal de la otra Cruz Gamada (Hakenkreuz) tan bonita, supernazi y prohibidísima. Recuerdo que cuando era muy, muy pequeño pintaba como un obseso miles de cruces gamadas en la parte de abajo de mi escritorio, ante el descojono de mis atónitos padres. Parece quedar claro en el imaginario general de, al menos, la gente entre la que me muevo que un tipo rapado con botas de cuero y chaqueta bomber que luce un pin de la Cruz de Hierro no es un activista de Greenpeace. Tras la inmensa bandera cuasifascista o, por lo menos, militar, volvieron a aparecer de nuevo las pequeñas tricolores, las más vistas por la ciudad.

Después de un periodo largo de tiempo, coincidiendo con el último mundial, y pasada ya la Eurocopa, hubo una nueva reordenación simbólica en el jardincito de mis vecinos, que corresponde al estado actual del lugar, tal y como podemos apreciar en la foto. Una gigantesca bandera central sin Cruz de Hierro, pero con el águila imperial, el escudo de armas de la República Federal Alemana actual.

En los extremos de la propiedad se alzan otras dos banderas no tan grandes pero también de buen tamaño, que, curiosamente ofrecen una imagen collage de las banderas de todos los países existentes, una bandera mundial. ¿Qué les ha pasado a mis vecinos? ¿Por dónde me van a salir ahora? Seguiré atento, aunque me parece que en los próximos meses la llamada de la patria se va a congelar un poco.


              

sábado, 10 de julio de 2010

Canon Bloom


Me advirtieron que no lo leyese. “Es un autor de derechas” me dijo un buen amigo. Se trata de “El Canon Occidental” del profesor Harold Bloom, uno de los críticos literarios más respetados a nivel mundial. “El Canon” como su propio nombre indica, es un intento por fijar y dar esplendor a los 26 autores literarios, según Bloom, más importantes de toda la historia occidental. Un libro así, escrito en los años noventa, no puede publicarse sin generar automáticamente una polémica. Esto es lo que lleva al propio autor a escribir un interesante prólogo de defensa al canon que él mismo titula “Elegía al canon”.  
No sé hasta qué punto Harold Bloom es de derechas. Lo que sí está bien claro es que está gordísimo. Me recuerda mucho, su tipillo de profesor estrella norteamericano, a Richard Rorty, ya fallecido, que también estaba súper bosta. Ignoro si Bloom es marica, pero en cualquier caso vive, y afirma que la filosofía de Rorty es la más interesante que se ha hecho durante toda la segunda mitad del siglo XX.
Bloom, en su sapientísimo, erudito y majadero libro, está obsesionado con dos matraquillas principales. La primera es Shakespeare y la segunda, lo que él mismo denomina “La Escuela del Resentimiento”:
Shakespeare es para Bloom lo que Maradona para los futboleros en Argentina. Es el centro del canon. El resto de la literatura y pensamiento humanos se forma en derredor suya. En los personajes de las grandes tragedias de Shakespeare (Macbeth, El Rey Lear, Otelo, Hamlet) está todo. TODO. Cervantes, Borges, Joyce, Kafka, Proust, Beckett, y más aún, Freud, Marx, Wittgenstein, Nietzsche… la plana mayor de las letras y la sabiduría, que solo se han podido limitar a establecer una relación agonística con el escritor de Stratford, una lucha de la que siempre se sale perdiendo, pero una lucha creadora. El “agon”, el enfrenamiento con Shakespeare de todos los autores anteriores y posteriores es lo que ha hecho florecer la cultura occidental. Bloom es un flipao de Shakespeare. En cada página lo nombra. Y la come un poco con eso, la verdad.
La otra pataleta del gordo son los ataques a lo que él denomina “La Escuela del Resentimiento”, en sus propias palabras, los neomarxistas, neohistoricistas, multiculturalistas y feministas. Tiene un cabreo con Foucault de una intensidad solo comparable a su adoración por Shakespeare. Según él, estas corrientes de pensamiento e interpretación son las principales culpables del actual ocaso de la gran literatura. Durante un tiempo Bloom estuvo algo vinculado a la crítica literaria deconstructiva, llegando a publicar un libro en colaboración con Derrida. En el "Canon", sin embargo, años más tarde, reafirma constantemente la supremacía del puro juicio estético como salvaguarda de la literatura, el único garante que existe para poder certificar la no caducidad de las obras y su universalidad.
La estética… A veces solo sabemos qué significa esa palabra cuando hablamos de peluquería. Peluquería y estética. Pues bien, Bloom, gordísimo, tiene muy claro que aún en el nihilista mundo en el que vivimos, de cabeza hacia el Apocalipsis del encefalograma plano, quedan personas como él, estudiosas y eruditas, con competencia suficiente para juzgar las obras de arte solo desde el plano estético. Que Shakespeare sea la catalización de las fuerzas creativas sociales del Renacimiento Inglés no es lo crucial, porque una explicación, justificación o enmarcado teórico que se salga de las propias reglas de la pura literatura pervierten cualquier interpretación correcta sobre la misma. La literatura no es más que “un intenso amor por la lectura”. Interpretar desde la ética o la justicia historica solo es robarle fuerza al libro, comprenderlo mal, pues como ficción, está más allá de cualquier autoridad moral. Puede ser  reaccionario, nazi, asesino, etc… lo fundamental del libro es que sea bueno, de calidad, y no muera a los pocos años de ser publicado. Los libros canónicos son aquellos que le hablan al resto de la Humanidad que nos ha de sobrevivir, para siempre.
En este sentido Bloom, está profundamente resentido con “la Escuela del Resentimiento”, que ha llenado su Facultad de Humanidades de Yale de profesores de hip hop, hermeneutas del género y expertos en culturas populares del interior de Malí que no profesan ningún apego mayor a su idolatrado Shakespeare y que por descontado desprecian su canon.  Bloom es puro WASP (White Anglo- Saxon Protestant) y así lo manifiesta en su libro con, por ejemplo, un capítulo titulado “Borges, Neruda y Pessoa: Un Whitman hispano-portugués”
En fin, no sé por qué me embarco en estas cosas. Supongo que porque me sigue inquietando mucho aquello del  “juicio puramente estético”, algo que en pintura parece paradójicamente al mismo tiempo invisible y omnipresente. Para lavarme de tanto Bloom por ahí tengo la“ Estética como Ideología” de Eagleton sin acabar, un neomarxista resentido, diría nuestro orondo amigo. En cualquier caso, si aceptamos sus reglas, y profesamos un “inmenso amor a la lectura” el Canon de Bloom, entendido como una  revisión particular de determinados grandes autores, soportando su obsesión por Shakespeare y su llorada resentida, es un libro tremendamente inteligente y lúcido, con interpretaciones de lo más curiosas (su teoría del “agonista”, la importancia de las “malas lecturas” o de la “angustia de las influencias”) que sabe sacarle el jugo a las obras que analiza, y que, incluso a disgusto, se disfruta.

Como anécdota final, un pequeño pollo. Hace años, un prestigioso periódico norteamericano le pidió a Bloom una crítica sobre el best seller infantil Harry Potter. Él se negó, pero tras muchas insistencias (“si tanta gente lo lee- alegó el periodista, inocentemente- por algo será”) accedió a leer la obra y escribir el artículo. Dijo, como era de esperar, que era una reunión de tópicos escritos en el peor estilo posible, ejemplo perfecto del proceso de estupidización de los lectores y de la literatura en general. Lógicamente, fue objeto de un arrollador aluvión de críticas e insultos y se le tachó de ser insensible, elitista y cortarrollos, que no sabía apreciar el gusto de un público, los niños, que aun no habían tenido tiempo de atragantarse de referencias como él. Un tiempo más tarde publicó: “Relatos y poemas para niños extremadamente inteligentes de todas las edades”, una suerte de canon de la literatura infantil.